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Crónica del concierto de John Mayall en la sala Apolo de Barcelona-21/02/2017 – 21:30h No hay nada como vivir una noche de blues bajo la extraordinaria atmósfera que crea y salpica este género musical, deudor de los esclavos afroamericanos provenientes de las plantaciones algodoneras del viejo delta del Mississippi. Cuando observas a una leyenda viva como John Mayall sobre el escenario, enseguida comprendes que vivir por y para el blues, es el revulsivo que le sigue dando el coraje necesario para volver a la carretera a sus 83 años y continuar disfrutando de lo que ha hecho toda la vida, ¡y vaya si lo sigue disfrutando…! porque su estado de forma continua siendo increíble, manteniendo firmemente el pulso a la edad. Metido en harina en la larga gira que le ha traído por España, el bluesman hizo parada en Barcelona. Habiendo pasado ya por algunas de las ciudades españolas que tenía previstas en su agenda, las críticas venían avalando sus directos, con lo que todo pintaba que iba a ser una gran fiesta del blues. Y así fue, los augurios se tradujeron en una noche mágica. john-mayall_33019427906_o-360x360 La sala (Apolo, Barcelona) presentaba una entrada formidable para ser una noche de martes. Una parte del público, que bajaba la media de edad considerablemente, se entremezclaba con el sector blusero más curtido. Tuve cierta sensación de complacencia al ver cómo las nuevas generaciones se acercan a un género como el blues, poco frecuentado en los tiempos que corren. Todos los allí presentes esperábamos impacientes el comienzo del concierto. Tras una calurosa bienvenida en un tono jovial y entusiasta, el concierto arrancó con John Mayall a los teclados, aunque a lo largo del concierto iría coqueteando con piano, teclado Hammond, harmónica y guitarra semi-acústica. Pronto se hizo evidente la calidad de sus músicos (formato trío), cuando Greg Rzab (bajista) se marcó un solo brutal a cuatro cuerdas, que por momentos emulaba la tesitura de un saxo, y que demostró durante todo el concierto la enorme complicidad sonora con Mayall. El fulgurante comienzo con canciones como Ain´t No Guarantees, Voodoo Music o Another Kinda Love  (sobre una relación lésbica), hizo encender rápidamente la mecha de un público que se mantuvo entregado a lo largo del directo. Cayó alguna versión de Jimmy Rogers y Muddy Waters como That´s All Right (J. Rogers). Entre canción y canción Mayall se mostraba dicharachero presentando los temas con pequeñas introducciones o alguna broma de tipo: “No esperéis mucho de mí, yo no soy Eric Clapton” (mientras agarraba la guitarra), aludiendo a la época en que “Mano Lenta” fue parte de los Bluesbreakers (antigua banda de acompañamiento de John Mayall). john-mayall_32934447331_o-360x360 Se calmaron los ánimos a mitad de concierto con algún que otro slow blues susurrante de motel de carretera americano como Special Life, momento en que  determinado sector del público sacó a pasear su mala de educación mientras subían el tono de sus “conversaciones”, eclipsando en parte la sutileza sonora del momento. Pese a que fue un hecho aislado en ese punto del concierto, es algo que me pone de los nervios, de verdad mataría sin piedad. La intensidad del concierto subió mientras se encauzaba la recta final con Nature´s Disappearing, Dream About The Blues, para acabar muriendo con una extensa revisión jazzy de Chicago Line, en la que John Mayall demostraba que los hombres también saben hacer dos cosas a la vez, simultaneando harmónica y teclado. Al poco Greg Rzab se iluminaba con un solo de bajo espectacular golpeando y rasgando las cuerdas como si fueran sus propias venas, creando harmónicos al estilo Jaco Pastorius, mientras  Jay Davenport no se quedaba atrás aporreando la batería. Como quien no quiere la cosa, la noche se fue meciendo hacia el esperado bis con la famosa Room to Move con la que terminaría todo. jgarcia37387049-barcelona-2017-concierto-john-mayall-sala-ap170222160622-1487776157039 Inexplicables sensaciones las que me provocaron ver a un portento del blues de la talla de John Mayall, tan familiar para mí; ya que su música me llegó gracias a mi padre, cuando yo todavía era un chaval que se pasaba las tardes enteras en su habitación aprendiendo riffs de blues a la guitarra de la mano del propio J. Mayall, Eric Clapton, B.B. King o Robert Johnson.

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