Sala Salamandra (L´Hospilalet de Llobregat). Viernes 16/03/18. (21h)

Vídeos extraídos de Sala Salamandra
Aquella misma noche me vinieron a la cabeza buenos recuerdos del festival. El Let´s Festival es uno de esos festivales curiosos, en cuanto a su formato, ya que se prolonga a lo largo de casi mes y medio (viernes y sábados). A pesar de que la Salamandra no es excesivamente grande, se trata de un festival “cómodo”, ya que puedes disfrutar de artistas de primer nivel, sin necesidad de comerte el codo del vecino; es decir, sin grandes tumultos.  
Hola

Fotografía extraída de Indie Lovers (Iván Gil)

Xarim Aresté: Un telonero que puso su piel en juego Cuando llegamos, el conejo saltó de la chistera y Xarim Aresté se destapó como un erudito de la guitarra. Un guitarrista con estilo y personalidad al que le acompaña una banda en condiciones. Venía presentando su último trabajo Polinèsies (2017) y por momentos, se encontraba a mitad de camino entre Jack White y Steve Vai, salvando distancias, claro, -aunque más por sus gestos que por las proezas técnicas-, el sonido era crudo y contundente, y poco a poco fue conquistando a los allí presentes, provocando cierta agitación en el público. Resumiendo… Ritmos con sello rockero, fases circenses, descargas eléctricas y punteos primos-hermanos del mejor Jack White (como he dicho antes), alguna balada con mucho feeling, e incluso instantes desconcertantes de espejismos nocturnos (canciones aparentemente inacabadas), además de algún que otro té en el jardín de la locura del mismísimo Syd Barrett. En definitiva, el descubrimiento de la noche. Ángel Stanich: Las expectativas estaban “muy maceradas” Con los ecos de Xarim Aresté resonando todavía en nuestras cabezas, la sensación era la de esperar como agua de mayo un mensaje mesiánico. Teníamos todas las esperanzas puestas en Ángel Stanich, y a la vez, la certeza de que era el concierto, el lugar y el momento donde nos apetecía estar. Canciones que me pillaban muy “a mono” –después de pasarme toda la semana dándole al Play a Antigua Y Barbuda (2017). En mi opinión un disco a la altura de lo esperado y, sobradamente capacitado para mantener el pulso a su ópera prima Camino Ácido (2014). Puesta en escena sencilla y sobria, sin rodeos, el hombre de la eterna cejilla, ha dejado a un lado el “mal-hábito” de subirse al escenario solo, como solía hacer antaño, ataviado con su guitarra acústica y unos botines cuyo taconeo hacían las veces de percusión. Aunque la acústica sigue siendo una prolongación de su cuerpo, el nuevo formato con banda le confiere un mayor poderío eléctrico al repertorio. El concierto se abría paradójicamente con el tema que cierra el último disco, la intimista Cosecha. Momento de recoger todo lo sembrado con los dos discos que enmarcan su trayectoria. La excelente sonorización de la sala, hacía de la interpretación un alarde de fidelidad con respecto al disco. Uno de los frutos más suculentos de este último trabajo, para mí, lo representa Escupe Fuego. La llamarada prematura anticipaba lo que se nos venía encima: “Tu amor no arde, solo escupe fuego…”, los destellos de la combustión se hacían espejos en las pupilas de los presentes. La intensidad continuaba reivindicando su autoridad férrea en Un Día Épico. ¿Quién puede resistirse a una jornada psicotrópica con Janis Joplin, Gila y Bukowski? Una vez atravesadas las aguas del rio Nilo y dejados de la mano de la corriente, navegamos hacia rutas salvajes. El rio Miño se abría en dos para permitirnos adentrarnos a paso ligero en la caleidoscópica historia de Galicia Calidade; uno de los momentos más álgidos de la noche, sin duda. La onda expansiva del incendio seguía arrasando las miradas de los testigos, y Camino Ácido, tema que da nombre a su anterior álbum, optó por no abandonar la ruta iniciática, cuyo transcurso nos acabaría por llevar a una especie de “Jam session” atmosférica. Hula Hula, incluiría la divertida anécdota que une a Ángel Stanich con Manuel Campo Vidal. Como dice la canción: “Prefiero ser Bob Dylan a Manuel Campo Vidal”, y en un intercambio de tweets, Campo Vidal se pronunció diciendo: “Hola Ángel. Soy Manuel Campo Vidal. Me ha divertido mucho eso de que prefiero ser Bob Dylan que Manuel Campo Vidal ¿Sabes? Incluso yo también.”. A lo que Ángel Stanich respondió de manera entrañable: “Hola Manuel. Soy Ángel Stanich. Al leerte se me ha hecho (permítaseme la expresión) el culo “pesicola”. Me ha hecho muchísima ilusión… Tanta, que me cuesta tuitearle de tú. Gracias. Y lo siento. Dylan está cogido… Tendrás que seguir siendo DON MANUEL CAMPO VIDAL”. Dedicó Blue Safari a “nuestro emérito gran rey cazador” y enlazó con una joya del nuevo disco llamada Casa Dios –posee uno de los arreglos de guitarra más preciosistas del disco-. Tras nuestro paso por las llanuras manchegas de Campo de Criptana y el rio Mundo; tocó Le Tour 95, la folky Mezcalito y Señor Tosco, antes de un pequeño descanso para dar paso a los bises. Ya tras el descanso, el clima festivo nos dio valor para encarar la recta final en un ejercicio de liberación cósmica, mientras gastamos las últimas balas guardadas en la recámara hasta ese momento, para terminar desfogando con Carbura, Mojo, Metralleta Joe y Mátame Camión. Como he resaltado antes, muy buen sonido de la sala, compacto y nítido. Te permite sumergirte en esos pequeños matices que no siempre se pueden apreciar, dependiendo de la sonorización del lugar, aglomeración de gente, y otros factores. El viaje iniciático que habíamos comenzado hacía poco menos de dos horas, surtió su efecto en nosotros. Aunque el camino se hizo más corto de lo esperado, en el transcurso nos encontramos con experiencias catárticas, momentos épicos, mensajes encriptados y señales de humo que nos facilitaron la llegada.

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