El Canijo de Jerez insufla «Veneno en el aire» con el último adelanto de «Ceniza y barro», su nuevo y esperadísimo LP que verá la luz el próximo viernes 3 de noviembre.

La canción, quinto sencillo extraído del álbum tras los gratificantes «Empezar de cero», «Flores y champán», «Mala fama» y «El amor hay que regarlo todos los días», nos llega una vez más acompañado de un exquisito videoclip, dirigido y realizado en esta ocasión por Kike A. Pastrana y rodado a vista de pájaro.

Cada nuevo aperitivo que nos ha ido regalando El Canijo de Jerez de ese «Ceniza y barro» que nos llegará el viernes 3 de noviembre como quinto álbum en solitario de nuestro garrapatero cósmico, nos ha abierto más y más el apetito. Y es que el jerezano ha demostrado con cada nueva canción que no solo tiene la mirada puesta en sus orígenes, ofreciéndonos su versión más descarnada en años como músico y artista, sino que también se encuentra en un excelente estado de forma. Anímica, vital y, por supuesto, creativa. En racha, que dirían algunos.

Basta echar un oído, o más bien los dos, a este «Veneno en el aire» que nos brinda ahora como último adelanto de su ya inminente larga duración. Una canción tan dulce y tan triste, a la vez, que se diría que está cantada con el alma. Acústica, emocionante, a ratos tranquila, a veces animada, siempre pegajosa. Y flamenca, faltaría más. Con una melodía tendida y quejumbrosa, arropada en todo momento por las guitarras, las tinajas y los coros flamencos.

«Veneno en el aire» pone así sobre la mesa un repóquer de ases que completan los anteriores sencillos extraídos del esperado «Ceniza y barro»: «Empezar de cero», «Flores y champán», «Mala fama» y «El amor hay que regarlo todos los días», a cada cual más atractivo pero todos con esa mirada atrás, a las raíces, que El Canijo de Jerez ha querido depositar en su próximo trabajo discográfico.

Como viene siendo habitual con cada uno de esos lanzamientos, «Veneno en el aire» nos llega acompañado de un videoclip cuidado hasta el más mínimo detalle. En esta ocasión es Kike A. Pastrana quien se pone tras la cámara, en una pieza que mezcla imagen real y animación, y rodada a vista de pájaro en un fascinante escenario natural de Mérida, Extremadura.